Interés simple vs interés compuesto: la diferencia que multiplica tus ahorros
Interés simple e interés compuesto suenan parecido, pero a largo plazo la diferencia entre ellos puede ser de miles de euros. Entenderla es el primer paso para que tu dinero trabaje por ti.
Qué es el interés simple
Con el interés simple, los intereses se calculan siempre sobre el capital inicial. Lo que ganas no se reinvierte.
Capital final = C × (1 + r × n)
Donde C es el capital inicial, r el tipo de interés anual y n el número de años.
Qué es el interés compuesto
Con el interés compuesto, los intereses que ganas se suman al capital y empiezan también a generar intereses. Cada año ganas sobre una cantidad mayor.
Capital final = C × (1 + r)n
Ejemplo: 10.000 € al 5 % durante 20 años
| Años | Interés simple | Interés compuesto |
|---|---|---|
| 5 | 12.500 € | 12.763 € |
| 10 | 15.000 € | 16.289 € |
| 20 | 20.000 € | 26.533 € |
Durante los primeros años la diferencia es pequeña. Pero a los 20 años, el interés compuesto te da más de 6.500 € extra sin poner ni un euro más. Y cuanto más tiempo pasa, más se separan las dos curvas.
Por qué el tiempo es tu mejor aliado
El interés compuesto crece de forma exponencial: lento al principio y cada vez más rápido. Por eso empezar pronto suele importar más que la cantidad que ahorras. Diez años más de margen pueden valer más que doblar tus aportaciones.
Dónde se aplica cada uno
- Interés simple: algunos depósitos que te pagan los intereses periódicamente sin reinvertirlos, o ciertos préstamos a corto plazo.
- Interés compuesto: cuentas que capitalizan intereses, fondos que reinvierten sus rendimientos y, por desgracia, también las deudas de tarjetas de crédito que no pagas a tiempo.
La otra cara: el compuesto también juega en tu contra
Las deudas con intereses altos crecen con la misma lógica. Si debes dinero en una tarjeta revolving o un préstamo caro, pagarlo cuanto antes es, en la práctica, una de las "inversiones" más rentables que puedes hacer.